Ramón de Marcos Sanz
Sociólogo, ha sido durante 21 meses Consejero Pre Adhesión
para Asuntos Gitanos en Hungría.
EUROPA Y LOS GITANOS ANTE EL RETO DE ROMPER SUS RESISTENCIAS
(Revista "Gitanos, pensamiento y cultura", de la Fundación
Secretariado Gitano - Abril 2005)
Hablar de o sobre los gitanos en Europa aún puede resultar provocativo
tanto para los propios gitanos como para el común de los ciudadanos.
Los gitanos, vacunados por unas relaciones de desconfianza de siglos,
resisten mal la mirada de los payos y para la sociedad mayoritaria los
gitanos constituyen un implícito del que la gran mayoría
tiene una opinión forjada inamovible.
Normalizar el itinerario de vida de esta minoría, con sus nueve
millones estimados la más importante en Europa, constituye un
reto hoy tanto para los propios líderes gitanos como para la
clase política europea.
Los estudios realizados en los últimos años por el Banco
Mundial, la Organización Interna-cional del Trabajo o la Unión
Europea muestran como un alto porcentaje de estas poblaciones, dispersas
por los mapas de los Estados de la Unión, concentran, sobre todo
en Europa del Este, altas tasas de pobreza y exclusión, que afectan
a más del 60% de sus miembros, según los indicadores considerados.
Los principales indicadores de deprivación describen a los gitanos
como una población que presenta escaso poder, baja escolaridad,
menor esperanza de vida, altos niveles de desempleo, hábitats
degradados y segregados, bajos niveles de ingresos , donde la mujer
sigue supeditada al hombre, y que son objeto de actitudes racistas y
de la desigualdad de oportunidades.
Las consecuencias del cambio de modelo político ha devuelto
a la pobreza y a la trampa de la dependencia a gran parte de la población
gitana en estos países, y esta se maneja como una de las principales
causas de su actual situación, junto a la incapacidad, de los
actuales sistemas políticos producto de la transición,
por reubicarles en el nuevo contexto y dar una utilidad a sus destrezas.
Hay que mencionar sin embargo, que en la última década
ha crecido la conciencia de la marginación que sufren los gitanos
y desde el Consejo de Europa, desde la propia Comisión Europea,
desde el Banco Mundial y la Open Society de Soros se han lanzado una
serie de iniciativas (grupos de trabajo, utilización de los fondos
Phare para financiar programas e infraestructuras, la Década
Gitana y el Fondo para la Educación, por citar algunos ejemplos)
que tratan de ejercer presión a los gobiernos para que actúen
sobre el tema.
Sin embargo, a la hora de la verdad resulta difícil, en los
Estados, articular políticas, planes estratégicos y programas
que, dispongan de la sagacidad y fortaleza que requiere su liderazgo,
de la visión, misión y valores capaces de movilizar, a
largo plazo voluntades, recursos suficientes, y el saber hacer que se
necesita para lograr mejorar, sustancialmente, la situación social
de estas personas.
Y qué decir de los propios gitanos, a quienes les cuesta mucho
articularse, y cuando esta articulación surge, surge "desde
arriba" motivada por leyes y políticas, de carácter
general, en favor de las minorías, pero que ellos no han generado
por presión ejercida desde abajo, ni las han ayudado a crear
y de las cuales no se han sentido protagonistas, pese a la representación
y capacidad de interlocución que les otorgan y que tratan de
aprovechar.
El que los gitanos, cuantitativamente, supongan en algunos Estados
de la Unión un porcentaje de población significativo (a
modo de ejemplo citamos que son el 7% en Hungría o el 10% en
Rumania) les ha convertido en objeto de deseo de los partidos políticos
que compiten ahora por encuadrarles en sus filas y que negocian con
ellos parcelas de poder político para ganar su apoyo.
Si se consideran, en su faceta de competencia, los representantes derivados
por las leyes en favor de las minorías y los políticamente
designados, se pueden entender las tensiones causadas por el protagonismo
y la confrontación que afecta a los líderes gitanos, que
obedecen aún hoy, en su gran mayoría, a estructuras clánicas
o de carácter territorial muy delimitadas, que también
viene a reforzar las profundas divisiones surgidas entre ellos.
El conocimiento de estas situaciones, y la disposición, ya en
la actualidad de unas élites gitanas universitarias, también
ha motivado que algunas instituciones y políticos hayan apostado,
por la nueva generación de tecnócratas, adscribiéndoles
toda una serie de papeles protagonistas en sus planes sin, en muchos
casos, haberse planteado previamente, ni haberles dado el tiempo y los
mentores necesarios, para que adquirieran, con la práctica de
los años, su competencia de desarrollo.
La sensación de inoperancia, y de carencia de políticas
que impacten, significativa-mente, en la situación de los gitanos,
pese a lo que se lleva invertido, sobrevuela sobre todo en algunos países
de la Europa Central y del Este, hecho que puede que no haga sino reflejar
el miedo de los políticos a la reacción de sus propios
ciudadanos que han visto como en los procesos de transición a
la democracia se han volatilizado o fragilizado muchos de los servicios
del Estado que antes contribuían a su bienestar.
Las consecuencias del deterioro de los servicios garantizados en el
antiguo sistema, de la educación, de la sanidad, la falta de
políticas activas de vivienda, la debilitación de los
sistema de protección a la familia, la aparición del desempleo
y el paro de larga duración, y la devaluación del sistema
de pensiones han contribuido, entre otras causas, a la reaparición
de la pobreza tradicional.
La destrucción del sistema de valores y creencias, los cambios
sufridos por la estructura familiar y el modo de vida, el deterioro
de las vías tradicionales de socialización , los cambios
de destrezas y conocimientos promovidos por los nuevos sistemas de trabajo,
por las nuevas tecnologías de la informática y la comunicación,
la generalización de la sociedad de consumo y la competencia
que introduce el fenómeno de la globalización económica
también han hecho emerger nuevas formas de pobreza y exclusión.
Las familias monoparentales, la drogadicción, los sin techo,
los enfermos mentales sin asistencia, una parte de los migrantes, los
ancianos abandonados, los niños de la calle y de los orfanatos,
y los jóvenes vagabundos, el incremento y la internacionalización
de la prostitución, constituyen, por citar algunos ejemplos,
grupos que pueden conforman esta nueva pobreza.
La lentitud en la introducción de cambios en administraciones
centralizadas e improductivas, la obsolescencia y complicación
de algunos sistemas procedimentales, la falsa descentralización
llevada a cabo en algunos Estados, que transfieren las competencias
a los municipios y regiones sin descentralizar los recursos, los medios
de financiación, ni las tomas de decisiones, y la debilidad que
presentan las organizaciones de la sociedad civil, también pueden
contribuir a la inoperancia que impera en algunos lugares.
Romper la situación de bloqueo, en lo que se refiere a las políticas
sociales, no resultará fácil pues requiere asimismo empezar
por suavizar, en favor de la mejora de la situación de la ciudadanía,
el actual modo de confrontación política, excesivamente
radicalizado en varios países, hecho que dificulta al menos el
acuerdo, dada la imposibilidad de consenso, para poder marcar un paquete
de mínimos que el Estado ( en sus diferentes niveles y con indepen-dencia
de quien gobierne ) debería garantizar a los ciudadanos para
mejorar su bienestar.
El hecho de encontrarnos en proceso de aprobación de la constitución
europea también debería servir para avanzar en la mejora
de los derechos sociales de los ciudadanos, y en la garantía
de mínimos, pese a la escasa ambición con que contempla,
estos derechos, el actual texto.
Una sociedad como la europea no se debe permitir en su seno ciudadanos
de primera y de segunda, como hoy parece que son una gran parte de nuestros
conciudadanos gitanos, ni tampoco debiera permitir que nuestro actual
sistema político, económico y social siga reproduciendo
la pobreza y la exclusión sin actuar decididamente contra esta
realidad.
Urge por tanto arbitrar medidas correctoras de estas situaciones, debidas
a la imperfección del sistema económico adoptado y a las
manifiestas incapacidades de los Estados por garantizar un mínimo
bienestar a todos sus ciudadanos.
En lo que se refiere a la lucha contra la pobreza y la exclusión,
que afecta a muchos ciudadanos y singularmente a los gitanos, se deben
combinar políticas sociales activas, de carácter general,
pero donde se garantice el acceso a los grupos desfavorecidos, con políti-cas
específicas dirigidas a los grupos de excluidos, y entre ellos
a los gitanos.
El esfuerzo de solidaridad entre los Estados de la Unión se
debiera traducir en una optimización de los recursos que se transfieren
y en una mayor capacidad de coerción de la Comisión Europea
sobre aquellos Estados que no logren los objetivos señalados
en los planes europeos de empleo, en los planes europeos de inclusión
y en el cumplimiento de la directiva por la igualdad de trato y de lucha
contra la discriminación.
Aunque la tendencia, en la gestión de los asuntos europeos,
en los últimos años, en lo que se refiere a los temas
sociales que nos ocupan, puede decirse que, en cierto sentido ha vuelto
a renacionalizar las competencias, por lo que resulta cada vez mas difícil
ejercer presión sobre los Estados.
Una de las salidas posibles a esta situación que ha propugnado
y que practica la Unión Europea en ámbitos tales como
la libre circulación (grupo de Schengen) y el euro, es la de
adopción de un sistema de doble velocidad, por lo que aquellos
países que desean avanzar mas rápido en algún asunto
establecen entre ellos un convenio al que, cuando deseen y cumplan las
reglas del juego, los demás pueden sumarse.
Ojalá la mejora de los actuales sistemas de protección
social y de lucha contra la pobreza y la exclusión, y la necesidad
de promover la integración de los gitanos constituyeran suficiente
motivo para suscitar que un grupo de países se convirtieran en
adalides y avanzados de estos temas y decidieran poner en marcha una
mayor coordinación de sus políticas, y desarrollaran juntos
una serie de planes y programas innovadores y sus consiguientes sistemas
de seguimiento y evaluación.
En lo que se refiere a la mejora de la integración de los gitanos
Hungría y España, por el número de gitanos que
habitan en sus territorios, por sus características de país
miembro veterano y país miembro nuevo y complementaridades, España
está bastante avanzada en lo que se refiere a solución
de la integración social de los gitanos y Hungría le lleva
ventaja en los aspectos de fomento de su participación política
y administrativa, deberían hacer un esfuerzo por avanzar juntos
en estos temas con aquellos otros países que estuvieran dispuestos
a sumarse a esta iniciativa.
Entre los ejes que en la actualidad se articulan en la Unión
Europea, fundamentalmente de tipo político, económico
o en temas de seguridad, se echa en falta ejes que revistan un carácter
social y en favor de las minorías (de carácter étnico
o producto de los nuevos procesos migratorios), e iniciativas de esta
naturaleza podrían contribuir a ello, para ayudar a mantener
vivo, con posibles respuestas a los retos actuales, el tan cacareado
modelo social europeo.
Quede aquí pues lanzada la invitación provocación
a los actuales políticos europeos y a los líderes de opinión
que pueden ayudar a fraguar este tipo de acuerdos.
Y en lo que a los políticos gitanos se refiere, deberían
considerar el transformar sus luchas de competencia personal en cooperación
entre ellos e ir estableciendo un acuerdo que contemple un plan de mínimos
a conseguir para su pueblo, con independencia del lugar que pueda ocupar
cada uno en un partido o en un cargo de libre elección.
Una de las claves que en algunos lugares han ayudado a la promoción
de las minorías, ha sido el que éstas tomaran conciencia
de su propia situación a partir de la profundiza-ción,
desde una lectura crítica de su realidad, alejada de tópicos,
para ir extrayendo de esta lectura los elementos que como pueblo es
necesario que ellos sean capaces de cambiar desde dentro, con el grado
de autoexigencia que esto conlleva para el propio colectivo.
También se pueden lograr determinados bienes sociales a través
de desarrollar, codo a codo, un trabajo con su vecino no gitano, dado
que se encuentra, en muchos temas, en su misma situación carencial,
y a partir de este trabajo intercultural, allí donde se ha realizado,
ha sido más sencillo lograr la solidaridad del conjunto de los
ciudadanos.
Esto significa dar paso a un nuevo tipo de liderazgo, más preocupado
por articular el colectivo desde abajo, que desde arriba, y por priorizar
el protagonismo colectivo en detrimento del protagonismo individual,
un liderazgo más preocupado por ser un facilitador que un decisor
y por evitar, en lo posible, hacer de la representación una profesión.
El líder y el colectivo gitano también se deberían
de preocupar que los gitanos universitarios, para que no se desclasen,
comiencen su carrera de abajo arriba compartiendo con su pueblo el cobre
de su sabiduría y destrezas adquiridas, acompañados por
buenos profesionales senior que inicialmente les guíen, supervisen,
y muestren cómo su trabajo profesional ayuda a limar la dureza
de las situaciones que los gitanos soportan.
Trabajar, varios años en el terreno, sin duda contribuirá
a su maduración, y forjaría el compromiso contraído
con su pueblo, antes de pasar a ostentar cargos entre payos, donde,
ya desconectados del que sufre la realidad, siempre corren el riesgo
de convertirse en una élite con concepto de clase, que sólo
se relaciona con sus iguales y que pueden acabar taponando la evolución
y promoción de la comunidad gitana.
He aquí posibles retos y vías para romper las resistencias
al cambio que exige la situación social de los gitanos para mejorar
su bienestar, para luchar contra la pobreza y la exclusión de
los ciudadanos europeos y para mejorar la convivencia.